Hay productos que simplemente nutren. Y luego hay productos que te detienen, que te hacen cerrar los ojos un momento y preguntarte cómo es posible que algo tan sencillo pueda ser tan extraordinario. Masiá Ciscar cultiva fresas de ese segundo tipo.

Para los Sibaritas que sabemos que el lujo también está en las pequeñas cosas como el primer bocado de una fresa que huele como huelen las fresas de verdad, Masiá Ciscar es un nombre que hay que conocer. Detrás de este proyecto hay una filosofía que cualquier disfrutón reconocerá de inmediato: obsesión por la calidad, respeto por el origen y convicción de que la excelencia no entiende de categorías.
Hemos tenido la oportunidad de conversar con Carlos Masiá Serrador sobre fresas, terroir, variedades propias y un proyecto nuevo llamado Kallejera que promete llevar esa misma filosofía a un registro más urbano y cotidiano. Esto es lo que nos contó.
Cuando la fruta deja de ser cotidiana
¿Puede una fresa ser un producto realmente sibarita?
Absolutamente. No depende del producto en sí, sino de cómo se cultiva, se selecciona y se disfruta. Una fresa puede alcanzar niveles de excelencia comparables a un gran vino o un aceite de autor si detrás hay criterio, sensibilidad y respeto por el producto. Cuando una fruta emociona, deja de ser cotidiana. Y esto es, precisamente, lo más importante.
“Cuando una fruta emociona, deja de ser cotidiana”
¿Qué diferencia vuestra fruta de la que encontramos en un supermercado?
Hay que ser honestos: nosotros también servimos a grandes superficies. Pero la diferencia es radical. No hablamos solo de sabor, sino de experiencia. Nuestras fresas se cultivan para ser disfrutadas en su punto óptimo, no para resistir largas cadenas logísticas. Son más aromáticas, más complejas y más delicadas. No son un producto estándar; son una expresión viva de su origen.
¿Cómo debería consumirse una fresa para apreciarla realmente?
En su punto justo de maduración, a temperatura ambiente y sin artificios. Una buena fresa no necesita más. Quizá acompañada de silencio y atención, como se haría con un gran vino. La clave está en detenerse y percibir sus matices: dulzor, acidez, aroma, textura. Es un ejercicio de presencia que muy poca gente practica con la fruta.
Una filosofía que no cambia con las modas

¿Qué se ha mantenido intacto desde los inicios de Masiá Ciscar?
La obsesión por la calidad. Desde el principio, el foco ha estado en hacer las cosas bien, sin atajos: cuidar la tierra, respetar los tiempos naturales y priorizar el sabor por encima de la productividad. Esa filosofía sigue siendo el corazón del proyecto.
¿Qué os permite controlar todo el proceso de producción?
Nos permite coherencia y excelencia. Desde la genética hasta la recolección, cada decisión está alineada con un mismo objetivo: ofrecer una fruta excepcional. El control total evita compromisos y garantiza una calidad constante, algo esencial cuando aspiras a posicionarte en el segmento premium.
“Desde la genética hasta la recolección, cada decisión apunta en la misma dirección: la excelencia. No hay atajos en este camino.”
El terroir también existe en la fruta
¿Se puede hablar de «terroir» en la fruta igual que en el vino?
Sin duda. El suelo, el clima, el agua y la mano del agricultor influyen profundamente en el resultado final. Una fresa cultivada en nuestras condiciones tiene matices irrepetibles. El concepto de terroir no es exclusivo del vino; la fruta también puede ser un reflejo fiel de su paisaje.
¿Qué significa trabajar con variedades propias y por qué es clave?
Significa independencia y personalidad. Desarrollar nuestras propias variedades nos permite priorizar lo que realmente importa: sabor, textura, aroma y, sobre todo, poder ofrecerle a cada cliente lo que necesita, no algo estándar sino algo personalizado. No dependemos de criterios comerciales externos, sino de nuestra propia visión. Es como tener una firma propia dentro del mundo de la fruta.
La fruta toma su lugar en la alta gastronomía
¿Puede la fruta competir dentro del mundo gourmet?
No solo puede, sino que debe. La alta gastronomía está redescubriendo el valor del producto en su estado más puro. Una fruta excepcional puede ser el centro de un plato o incluso de una experiencia completa. El lujo, hoy, también es lo natural, lo auténtico y lo efímero.
¿Cuál es el mayor reto del sector en términos de percepción y calidad?
Romper con la idea de que la fruta es un producto básico sin diferenciación. El reto está en educar al consumidor para que entienda que hay niveles de calidad, como ocurre con el vino o el café. Y, al mismo tiempo, mantener esa calidad en un contexto cada vez más exigente y competitivo.
Kallejera: cuando la excelencia baja a la calle
Cuéntanos sobre vuestro nuevo proyecto «Kallejera».
Kallejera nace como una forma de acercar esta filosofía premium a un lenguaje más urbano y accesible, aprovechando los excedentes de producción o fruta de segunda categoría. Es una propuesta que conecta la excelencia del producto con una experiencia más desenfadada, pero igual de cuidada.
La propuesta de valor de Kallejera se asienta sobre cinco pilares que cualquier Sibarita consciente va a reconocer de inmediato:
— Sabor real y naturalidad auténtica: elaborada con un 60% de zumo de fruta de verdad, sin aromas artificiales, con perfil sensorial frutal, fresco y equilibrado. Sin colorantes ni procesos innecesarios.
— Propósito sostenible y economía circular: aprovecha excedentes de fruta cultivada en Huelva, transformando lo que antes se perdía en una bebida con vida propia. Envases reciclables.
— Origen local con orgullo andaluz: conexión directa con agricultores onubenses, una historia de territorio única en la categoría de kombucha, con trazabilidad y carácter genuino.
— Actitud urbana y ritmo cotidiano: una bebida para el trabajo, el ocio y el deporte. Tono vitalista y cercano. Una kombucha que baja de la élite «zen» para conectar con más personas.
— Alternativa consciente a los refrescos tradicionales: menos azúcar, ingredientes reales, sabor equilibrado. La opción para quienes quieren cuidarse sin renunciar al placer.
“Una kombucha que baja de la élite zen para conectar con más personas. Misma filosofía, diferente registro.”
La mesa de un sibarita
¿Cuáles son los productos sibaritas que no pueden faltar en tu mesa?
Un buen aceite de oliva virgen extra, pan artesano, tomates en temporada, un queso bien afinado y, por supuesto, fruta en su mejor momento. El verdadero lujo está en la calidad del origen y en saber reconocerla.
Esa es exactamente la respuesta que esperábamos. Y, en el fondo, la razón por la que estamos aquí: porque en MUY SIBARITA creemos que reconocer la excelencia en lo sencillo es una de las formas más sofisticadas de disfrutar la vida.




