MAESTROS

Borja Saracho Echevarría

Founder - Bodega Crusoe Treasure

Junto a su socio Jose Antonio Sáez de Ocáriz, creó un concepto novedoso en 2008. Una bodega en el fondo del mar.

Borja ha sido el faro de un proyecto que ha aglutinado a amantes del mar y de la enología, creando un proceso nuevo de elaboración, que cuenta con una infraestructura submarina concebida y diseñada por él, para dar lugar de la mano del saber hacer de Antonio Palacios, a vinos nunca antes creados.

Con diferentes premios a sus espaldas por este y otros proyectos empresariales, dirige esta bodega pionera, tanto en la elaboración, como en la comercialización y concepto de marca. 

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Borja Saracho Echevarria (Vitoria, 1973) convirtió su pasión por el submarinismo en startup. Así nació Bajoelagua Factory, una comunidad y tienda online de artículos y servicios relacionados con el buceo, de donde posteriormente surgiría Crusoe Treasure, una bodega sumergida que vende sus vinos por todo el mundo.

Bajoelagua, creado en 2003, llegó a ser la mayor comunidad en habla hispana de aficionados al submarinismo. El modelo de negocio consistía en vender seguros, productos y excursiones y funcionó bien durante un tiempo. “Lo dimos de baja hace 15 días. Exigía un esfuerzo que ya no compensaba”, explicó.

 

 

En 2007 Saracho abre, junto a su antiguo compañero de trabajo José Antonio Sáez de Ocáriz, una investigación sobre lo que podría ocurrir si se dejaban madurar unas botellas de vino en el fondo del mar. “A mí siempre me habían apasionado los libros de Tintín en los que sacan botellas de ron del fondo del mar. Y creamos una especie de laboratorio submarino que ubicamos en Plentzia, porque allí se daban unas condiciones muy buenas, al juntar las mareas con las corrientes de la ría que evitan que el agua se caliente o se enfríe”, explicó.

El experimento dio muy buenos resultados. “Empezamos a meter vino de diversas bodegas y luego venían los enólogos a hacer catas comparadas. Tras tres meses sumergidas, no notaban mucha diferencia. Pero tras seis sí que preferían el vino sumergido. Estuvimos así dos años y medio, hasta que el enólogo Antonio Palacios, que al principio era muy escéptico, nos dijo que esto era revolucionario y nos animó a crear una bodega”, explicó.

Crusoe Treasure supuso un reto tecnológico y constructivo muy serio. Hay que tener en cuenta que los temporales del Cantábrico son fieros, con olas de hasta 10 metros. “Primero íbamos a colocar solo unas jaulas y los pescadores se rieron de nosotros. Tuvimos que diseñar una especie de arrecife artificial de acero y hormigón del que ya hemos cuatro versiones y que mantiene las botellas en su interior manteniendo la vida marina, que para nosotros es sagrada. El primero lo patentamos, pero ya no lo hacemos para no dar ideas a la competencia”, explicó.

Pero no todo en la bodega son botellas y hormigón. También hay sensores inalámbricos que van midiendo diversos parámetros para hacer un mantenimiento periódico de las condiciones del vino. De hecho, el enólogo de Crusoe Treasure visita las instalaciones una vez al mes para ver la evolución de los caldos, que generalmente están un año sumergidos.
La venta se ha realizado tanto online como a través de distribuidores, especialmente en el extranjero. Crusoe Treasure elabora entre 20.000 y 25.000 botellas al año que vende por todo el mundo. “El marketing viral y de influencers del vino nos ha ayudado mucho. Creíamos que nos lo iban a quitar de las manos, pero hay que trabajarse mucho la venta. Desde 2018 estamos muy enfocados en la venta online, aunque lo que mejor nos funciona es el coleccionista de vino”, explicó.